Buenos Aires, malos aires, de Jordi Gracia en El País

Artículo de Jordi Gracia en el suplemento cultura Balelia, de El País

Carlos A. Colla firma un turbador relato que anuda la convulsión social de la Argentina del ‘corralito’ con su descomposición personal y familiar

La sombra de la desgracia que se abate de nuevo sobre Argentina podrá resultar para muchos peor pesadilla que la primera vez. 2001 punto cero es el título sarcástico que ha puesto Carlos A. Colla a la novela de la destrucción vital de un hombre y de un país, a la vez que narra la búsqueda casi desesperada de una redención personal en medio del caos. No ha aparecido en Buenos Aires sino en una editorial nueva, con varios pies firmes entre Madrid, Barcelona y California. Se llama Magma y acaba de entregar sus tres primeros títulos con la misma vocación de Letras en tránsito, como dice su lema.

Este turbador relato de Carlos A. Colla no esgrime causas ni averiguaciones contra aquella crisis devastadora, no aspira a contar qué hicieron los responsables del corralito hace más de 15 años: su subterráneo hilo rojo es intensamente literario, con James Joyce al fondo y la devoción por el Ulises. Pero se hace abiertamente solidaria de un grito que es desesperación política y democrática: que se vayan todos. De manera trabada y dolorosa anuda la convulsión social con la descomposición personal de Carlos, su familia, sus amistades y relaciones: “Dejarme llevar, no producir nada, diluirme en el tao, desaparecer”.

Quizá la metáfora más acre del relato se concentra en la sexualidad promiscua y explícita, asaltada como carnalidad y alarde, como humillación y como violencia moral. En ella parece cifrar la desolación interior de quienes vieron el desplome cruel de la desgracia y la desestabilización pura, del desempleo y el desplazamiento furioso entre villas miseria abatidas, crímenes, drogas sintéticas y miedo: “No logramos destruir el país por completo, hacerlo volar por los aires desde sus cimientos”, y quizá por eso esa Buenos Aires “avara perdida en el barro me convirtió en un nómada sin ideales, sin rumbo ni destino”. Las páginas onírico-infernales mientras el protagonista deambula como un nuevo Leopold Bloom por la agitación callejera, la degradación de varios enteros o el fracaso de los mejores intentos paliativos dejan el corazón en un puño y mantienen la alerta sobre lo que pueda llegar hoy, de nuevo, a la vieja Argentina.

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